Sobre Mí

Jonathan Rodmore sobre mi foto

Como soy un introvertido patológico, me resulta chocante que te hayas interesado en conocer un poco más de mí y de mi historia. Pero aunque me cueste, en el fondo te doy las gracias por ello, así como por tu tiempo. 

Nuestro tiempo es el bien más valioso que le brindamos a los demás.

Comencé a escribir cuando iba al instituto. Crecí en un pueblo muy pequeño de la isla de La Gomera y siempre fui un chaval súper introvertido. Ahora ya lo llevo mejor, pero la verdad es que me costaba integrarme en grupos de amigos, bien porque era demasiado raro o bien porque no me interesaban mucho las cosas que hacían. Mi soledad la compensaba leyendo mucho, así que fue casi espontáneo que pronto empezara a escribir sobre los mundos que inventaba en mi cabeza.

Un día vi publicado el anuncio de un premio literario en el tablón de anuncios del instituto y me pregunté si lo que escribía tendría algún valor como para presentarlo. Así que presenté un relato corto y lo gané. Fue un subidón tan grande que a partir de entonces no paré de escribir.

Como le pasa a cualquier joven que ha crecido en un pueblo pequeño, siempre esperé el momento de salir a conocer el mundo. Y la oportunidad llegó con la entrada en la universidad, que me llevó de un pueblo de apenas 1.000 habitantes a nada más y nada menos que Madrid. ¡Brutal! Fue un choque que me disparó los sentidos y me insufló unas ganas de experimentar cosas nuevas que a día de hoy conservo intactas.

Después de la universidad mi vida ha sido una búsqueda constante de mí mismo. Una búsqueda de respuestas a quién soy yo y de qué va esto de vivir. Me resultaba imposible vivir sin cuestionarme de qué va la vida y cómo funciona, así que empecé a leer, investigar y aprender sobre evolución interior y espiritualidad más allá de las religiones, en las que no creo. 

Cuando ya empezaba a abrirme paso en la vida durante mi veintena, sucedió algo que trastocó todos mis planes y sacudió todo mi mundo: papá murió de cáncer y tuve que poner mi vida en stand-by para ayudar a mi madre y hermanos a salir adelante. Abrimos una pequeña pastelería, embarcándonos así en una aventura que al final no salió bien.

Y así llegué a los 30 años sin trabajo, con una situación financiera muy débil, sin rumbo y sin expectativas. No se me ocurrió otra cosa que hacer las maletas y plantarme en Londres con una mano delante y otra detrás.

Tuve suerte y conseguí estabilizarme. Empecé trabajando en atención al cliente hasta que encontré un trabajo mejor en un gran banco con el que podía ayudar a mi familia. Era un trabajo cómodo con un buen sueldo, con bonus, fantástico plan de pensiones, seguro médico privado y no sé qué más. 

Pero con el tiempo me fui dando cuenta de que necesitaba seguir tratando de entender el mundo y de entenderme.

En el banco, cada día era igual que el anterior, el tiempo se me escapaba entre los dedos, no podía escribir nada y no veía exactamente a dónde me llevaba aquella rueda de hámster. Cada día me repetía que aquello no podía ser todo, que tenía que haber algo más en la vida que dos horas diarias de viaje al trabajo y ocho más frente a una pantalla de ordenador tecleando números hasta que me jubilara. Sentía que estaba dejando morir al soñador que llevaba dentro. Me parecía que había renunciado a mí mismo y que me estaba muriendo en vida poco a poco.

Y de repente algo sucedió que cambió todo eso, aunque no de la forma que yo esperaba: el banco se cargó a todo nuestro departamento de un día para otro y nos puso a todos en la calle. De vuelta a la casilla de salida.

Fue en este momento cuando tuve que plantearme si volvía de nuevo a la rueda de hámster o si me lanzaba al vacío a perseguir mis sueños. No lo dudé: entendí rápidamente que era una señal para regresar a mis orígenes: descifrar el misterio de la vida y escribir(lo).

Porque escribir es lo que me ayuda a navegar mi mar interior y a encontrar respuestas. Porque escribiendo ayudo a otros a navegar sus mares interiores y a soñarse. Porque escribir me ayudaba a comprender el mundo y ayudar a otros a comprenderlo.

Y fue así como me he lanzado de lleno a la piscina de la escritura sin saber si hay agua en ella. Con la incertidumbre de no saber a dónde me llevará esto. Pero ahora, al menos, siento que soy yo.

Me apasiona el mundo del crecimiento interior y el desarrollo espiritual, así como la literatura. Y combinarlos es mi manera de estar en el mundo. 

Por eso me gusta decir que escribo para entender y que trato de entender para poder ser, pues me cuesta vivir sin entender cómo funciona la vida. 

Soy un buscador de respuestas. Y una vez las encuentro, me gusta disfrazarlas de literatura para ayudar a otros a inspirarse y que encuentren las suyas propias.

Gracias por venir.

Jonathan

© 2020 Jonathan Rodmore